viernes, 21 de junio de 2019

Avantasia: 27 de abril de 2019

Tercera visita de Avantasia a Madrid y tercera vez que voy a ver una sesión más del exitoso proyecto del amigo Tobias. Cada vez que vienen apuestan un poco más fuerte. La primera vez en fue en 2013 bajo el paraguas del último festival Sonisphere que se organizó en nuestro país (riesgo cero); la segunda en 2016, teniendo que duplicar fecha por lo rápido que se llegó al sold-out en La Riviera; y, al ver que pecaron de conservadores, esta vez se atrevieron con una plaza grande (y les salió bastante bien, aunque no llenaron).


Las entradas, comprada con un año de antelación, fueron el regalo del Día de la Madre 2018 que le hice a mi mujer, y por eso fuimos a la grada, para asegurarnos una visibilidad mejor para ella. Lo gracioso fue que se pusieron a la venta antes del lanzamiento del disco que motivaba esta gira, así que tocó jugársela un poco. El caso es que el anterior disco, Ghostlights, no me gustó tanto como los anteriores, pero como en directo mereció la pena, me decidí rápidamente. Y, una vez escuchado el nuevo disco, titulado Moonglow, he de decir que me ha sabido prácticamente igual que el anterior. Parece que Tobías ha dado con una fórmula que le permite componer música como quien hace churros y de momento no da la impresión de querer cambiarle una sola coma.


Días antes del inicio de la gira se hizo público el elenco de cantantes que acompañarían a la alineación fija de músicos instrumentistas y la mayor decepción fue la confirmación de la ausencia del gran Michael Kiske. Y es que la reunión de Helloween ha absorbido toda su actividad los dos últimos años. Al menos a su sustituto lo conozco sobradamente: el mítico Geoff Tate que, aunque ya no está como en sus años mozos, sigue pudiendo regalar actuaciones notables. Otra ausencia destacable fue la de Amanda Somerville para, según anunció, poder dedicarse más a su familia. Por desgracia también añadió que su baja es definitiva. El peso que tenía en la banda era tan importante, a pesar de dedicase básicamente a los coros, que para sustituirla reclutaron a dos féminas (la veterana alemana Ina Morgan y la jovencísima estadounidense Adrienne Cowan).


Lo bueno de tener asientos numerados es que te puedes permitir llegar tranquilamente con poca antelación al recinto, nada de perder el tiempo haciendo cola unas horas antes para pillar buen sitio. Además Vistalegre tiene el tamaño perfecto como para ver bien desde la grada, en ningún sitio estás demasiado lejos, no como te puede suceder en un estadio o en el Palacio de los Deportes, sin ir más lejos.


Dado que no hubo teloneros, entremos en materia. A continuación el generoso setlist:

Intro: La Canción de la Alegría de Beethoven
Ghost in the Moon
Starlight (con Ronnie Atkins)
Book of Shallows (con Ronnie Atkins y Adrienne Cowan)
The Raven Child (con Jørn Lande)
Lucifer (con Jørn Lande)
Alchemy (con Geoff Tate)
Invincible (con Geoff Tate)
Reach Out for the Light (con Oliver Hartmann)
Moonglow (con Adrienne Cowan)
Maniac (versión de Michael Sembello) (con Eric Martin)
Dying for an Angel (con Eric Martin)
Lavender (con Bob Catley)
The Story Ain't Over (con Bob Catley)
The Scarecrow (con Jørn Lande)
Promised Land (con Jørn Lande y Eric Martin, pero sin Tobias Sammet)
Twisted Mind (con Geoff Tate y Eric Martin, también sin Tobias Sammet)
Avantasia (con Geoff Tate)
Let the Storm Descend Upon You (con Jørn Lande y Ronnie Atkins)
Master of the Pendulum (con Ronnie Atkins)
Shelter from the Rain (con Bob Catley, Ina Morgan y Herbie Langhans, pero sin Tobias Sammet de nuevo)
Mystery of a Blood Red Rose (con Bob Catley)
Lost in Space
Bises:
Farewell (con Adrienne Cowan)
Sign of the Cross / The Seven Angels (con todos los cantantes invitados)

Como era previsible, para la primera canción añadieron a modo de prólogo una melodía que sirvió para poder arrancarla porque el inicio que tiene en el disco, extremadamente abrupto, no es fácil de ejecutar en directo (ni creo que quede bien). Entre ese primer tema y el segundo, Tobias aprovechó para comunicarnos que estaba un poco acatarrado. El caso es que en directo no noté ninguna diferencia con respecto a las otras veces que le he visto, pero después en los vídeos sí que se aprecia que su voz suena más aguda de lo normal (lo cual me extrañó porque lo habitual es que suene más grave cuando se está resfriad@).


En Book of Shallows nos dieron una de cal y otra de arena. Por un lado, me decepcionó que fuera el propio Tobias el que interpretó las partes de Hansi Kürsch (el cantante de Blind Guardian, que colaboró en el disco), teniendo invitados de sobra como para tener que "pluriemplearse" (y lo mismo pasó con The Raven Child); pero, por otro, nos sorprendió gratamente quién hizo las partes de Mille Petrozza (cantante de Kreator que también colaboró en el disco): Adrienne Cowan, sacando unos guturales que nos dejaron atónitos y levantaron la que creo que fue la mayor ovación de la noche.

Con Raven Child entró también en escena el bueno de Jørn Lande (portando una camisa un tanto desafortunada, menos mal que más adelante se la cambió), y con Lucifer acaparó todo el protagonismo porque es una canción compuesta para que se luzca. De todas formas es un tema que no me acaba de llegar, por muy bien interpretado que esté.


Tuve que esperar hasta la sexta canción para poder ver al invitado que más ilusión me hacía en esta gira: Geoff Tate, que cantó sus dos canciones del nuevo disco seguidas pero en orden inverso (con toda lógica, puesto que es mejor abrir boca con la balada y luego romper con la canción cañera).

Después, en Reach Out for the Light, me volví a llevar una decepción con el reparto de tareas vocales porque esperaba que el papel del ausente Michael Kiske lo ocupara Geoff Tate. Pero no, lo hizo el guitarrista Oliver Hartmann, y he de decir que pasó la prueba con nota.



Durante el solo de esa canción vivimos el momento más gracioso del concierto con diferencia: aprovechando la presencia de un "cerveza-man" por las primeras filas, Tobias se agachó para pedirle un mini (un vaso de un litro). El vendedor ambulante le dijo que costaba 10 euros y, tras mostrar su sorpresa sin ningún disimulo, el cantante le pidió que esperara ahí un momento y salió por un lateral del escenario en busca del dinero. Instantes después regresó, pagó al "cerveza-man" y recibió su bebida, para a continuación comentar lo desproporcionado que le parecía el precio y que necesitaríamos una fortuna para emborracharnos (está todo en el vídeo correspondiente, al final).

Además, durante el resto de la actuación aprovechó para incidir en el asunto cada vez que se acordaba ("Ten fucking euros!" repitió varias veces, unas entre risas y otras haciéndose el indignado). Incluso llegó a decir que la próxima vez que vinieran buscarían un sitio donde la cerveza fuera más barata (habrá que volver a la Riviera, porque en el Palacio de los Deportes / Wizink Center también son así de caras, si no más). Si una y otra vez se demuestra que aquí en España abusan de nosotros con el precio de las entradas con respecto a otros países, patente quedó que con la bebida pasa lo mismo. 


Después de que Adrienne Cowan retomara protagonismo haciendo las veces de Candice Night en Moonglow, le tocó el turno a Eric Martin para interpretar la versión de la popera canción Maniac, incluida en la banda sonora de la película Flash Dance; y Dying for an Angel, ambas muy bien recibidas por el respetable. 


A continuación entró en escena el último invitado que faltaba por aparecer, el Raphael del Rock o, como Tobias le definió, su británico favorito (porque Bruce Dickinson no le hace caso, claro), Bob Catley. Con su segunda canción, The Story Ain't Over, volvimos a vibrar intensamente y no paramos durante las siete siguientes canciones. 
 

Menuda batería de temazos nos soltaron uno detrás de otro, etapa que aprovechó Tobias para descansar en tres de ellos, asumiendo que no se le echaría mucho de menos. Por cierto, nunca había visto a Geoff Tate pasárselo tan bien en un escenario como en la canción homónima del grupo, ¡cómo bailó!
 

Además Ina Morgan abandonó por primera y única vez del espacio de coristas para ejecutar gorgoritos al más puro estilo Michael Kiske durante Shelter from the Rain (y protagonizar una escena un tanto surrealista, arrodillándose frente a Oliver Hartmann mientras interpretaba el solo - como dijo mi mujer: esta tía es la que menos pega).


Las revoluciones volvieron a reducirse durante las últimas canciones con claro sabor a despedida, especialmente con Farewell, teniendo de nuevo a Adrienne en primera línea, haciendo esta vez la parte de Amanda Somerville. El punto y final lo pusieron con el habitual "medley" entre Sign of the Cross y The Seven Angels, momento aprovechado también para presentar a todos los músicos que forman el súper-grupo.


Desde luego, a pesar de que Tobias dice que nunca quiere atarse a nada en las entrevistas, el futuro de Avantasia parece asegurado para muchos años. Cita obligada cada vez que pasen por Madrid.


A continuación, los vídeos que grabé:

 
   
  
  
   
 

miércoles, 20 de marzo de 2019

Doro: 16 de marzo de 2019

Sólo ha habido una vez en mi vida en la que lo he pasado tan mal en un concierto, y la culpa no fue ni de los músicos, ni de la organización ni de la sala, sino de un virus gastrointestinal cortesía de mi hija. El caso es que las entradas fueron uno de mis regalos de Reyes y, para una vez que mi mujer también se apuntaba, pues no era cuestión de descartar el plan aunque no estuviera yo en mi mejor momento precisamente. Como le dije a mi cuñada: prefiero arrepentirme de haber ido que de haberme quedado en casa.


Dado que había que ahorrar energías, como la apertura de puertas estaba prevista para las 19:30 y que había un grupo telonero, calculé acertadamente que Doro no empezaría hasta las 21:00. Así que llegamos a la sala Mon (antigua Penélope, de aciago recuerdo para mí porque fue donde Ralf Scheepers de Primal Fear me engañó vilmente haciendo playback) pasadas las 20:00. Llegamos a tiempo de escuchar las dos últimas canciones de los teloneros, los suecos 'No Sleep For Lucy', bastante pop-rockeros para mi gusto (aunque a mi mujer le gustó lo poco que oímos).

El caso es que a mitad de la última canción los de la sala encendieron el nuevo sistema de ventilación, instalado durante la remodelación que trajo consigo el cambio de nombre y del que ya había leído en una reseña de Google, y por poco salimos volando. Qué exageración. Así que al final no estuvo mal llegar con cierta antelación a la actuación de Doro porque nos pudimos mover y encontrar un sitio donde no nos pegaba la ventolera tan directamente. Por desgracia, a pesar de que pasadas las 20:30 ya habían desmotado todo el equipo de los teloneros y estaba todo listo, hasta las 21:00 no salió a actuar la banda de la señorita Dorothee Pesch (tal y como predije). Siempre es un coñazo esperar mirando a las musarañas, pero cuando estás al límite de tus fuerzas, resulta crítico.
 

Eso sí, cuando la alemana salió a escena, acompañada de sus músicos habituales, lo dio todo desde el primer momento. Motivación tiene para dar y tomar. Y si además le sumas a que la pared del fondo del escenario es una pantalla en su totalidad, el efecto visual es magnífico. Bravo por la inversión de la sala.



Tras la primera canción nos hizo saber que iba a ser un concierto muy especial porque iba a haber sorpresas, un invitado especial y además lo iban a grabar (y en efecto un cámara estuvo rondando por el escenario durante la actuación). Para mí la primera sorpresa fue la inclusión en el repertorio de 'Earthshaker Rock', y no por novedosa sino porque había revisado los setlists de algunos shows anteriores y no me había parecido verla. Temazo que siempre se agradece. De todas formas, la primera sorpresa real fue que la propia Doro descargó generosamente un falso extintor durante la canción de su nuevo disco, 'Bastardos', hasta en dos ocasiones para arengar a las masas.


Después de otras dos canciones de la época de Warlock, la ineludible 'Burning the Witches' y la ochenterísima 'Fight for Rock', llegó otra sorpresa: para la canción 'The Night of the Warlock', publicada justo hace diez años, un miembro de su equipo abordó el escenario ataviado con una túnica negra con capucha, una vara y una máscara con una expresión bastante exagerada; para representar el papel del hechicero del que habla la canción.


Y después llegó la última sorpresa, el invitado especial: Tommy Bolan, guitarrista de Warlock durante el disco 'Triumph and Agony' de 1987, se unió a la banda. Dado que parece ser que vive en España, estuvo presente en los tres conciertos de esta gira en nuestro país. Y a partir de ahí comenzó el cuasi-monólogo del mencionado disco, salvo por un par de excepciones.


La verdad es que creo que Bolan no aportó demasiadas cosas positivas. Por un lado cayó en la sobreactuación, moviéndose exageradamente para el espacio que había disponible, y tratando de hacer solos locos de guitarra a la mínima ocasión (y no muy buenos precisamente, mi mujer y yo comentamos 'Éste se cree Marty Mc Fly'). Tal vez por eso su guitarra sonó a un volumen inferior a las otras dos durante casi todo el concierto, supongo que los de la mesa ya saben cómo se las gasta. Y, por otra parte, la imagen que dio moviéndose así con su sobrepeso rozó el ridículo. Por suerte los otros miembros de la banda supieron mantener el tipo y siguieron a lo suyo.


Como curiosidad, Doro se cambió la camiseta que llevaba debajo del chaleco de cuero durante el solo de batería de Johny Dee y se puso una blanca de Motörhead. Y es que nunca a ocultado su admiración por Lemmy, llegando incluso a colaborar juntos en alguna ocasión.


Éste fue el repertorio que interpretaron:

Raise Your Fist in the Air
Earthshaker Rock
Bastardos
Burning the Witches
Fight for Rock
The Night of the Warlock
East Meets West
Kiss of Death
Make Time for Love
I Rule the Ruins
Three Minute Warning
Solo de batería
Blood, Sweat and Rock ’n’ Roll
Für Immer
All For Metal
All We Are
Metal Tango
Touch of Evil

Creo que dejar Touch of Evil para el final no fue una buena idea porque a esas alturas Doro ya tenía la voz bastante cansada y no pudo imprimirle la potencia necesaria para hacer honor a la canción. O tal vez lo haga a propósito para no lastrar su actuación después del esfuerzo que supone gritar así, quién sabe.


Resultó bastante cómico ver a uno de los miembros del equipo perseguir a Doro por el escenario para que se pusiera una chaqueta con capucha mientras ella se la quitaba de encima porque quería seguir saludando al público. Al momento supimos que su insistencia se debió a que, nada más terminar la actuación, los músicos salieron directamente de la sala por la puerta principal en lugar de meterse al camerino. Y es que los autobuses en los que estaban haciendo la gira estaban aparcados ahí mismo.


Y eso fue todo. En cuanto acabó nos fuimos a casa escopetados porque yo ya no podía con mi vida. Milagrosamente conseguí sacar fuerzas para grabar estos tres vídeos: